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Brooklyn Banks

14 May

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También conocido como Red Brick Park (el parque de ladrillo rojo), la zona situada debajo del fin del puente de Brooklyn en Manhattan ha sido, desde los años setenta, un lugar icónico, casi sagrado, para los patinadores (o skaters) y ciclistas de BMX. Se trata de Brooklyn Banks, el pasado, el presente y el futuro del skateboard.

Hasta aquí todos contentos. A nadie le molesta (y menos en Estados Unidos) que un grupo de chavales, muchos de ellos que no alcanzan los veintiún años, patine en una zona poco transitada, debajo del enorme puente de la ciudad. Sin embargo, precisamente la enormidad de este puente hace que se deteriore con una mayor facilidad, lo que se lleva hasta el extremo en una ciudad como Nueva York que nunca descansa. La cuestión es que el puente de Brooklyn necesita reparaciones, y no unas reparaciones cualquiera. Desde final de este año y hasta el año 2014 el alcalde de Nueva York pretende realizar unas obras necesarias para el buen funcionamiento de una parte esencial de la ciudad. Además, son necesarios seis meses más con el objetivo de pintar la rampa de acceso al puente desde el lado de Manhattan, lo que hará necesario el uso de este parque para los trabajadores y para tener un lugar donde guardar la maquinaria sin cortar la circulación.

Una obra necesaria contra un gran grupo de skaters se hace ver como un problema menor pero, si descubrimos que este parque se ha convertido con los años en una especie de santuario sagrado de la tabla, la cosa cambia. Ya hace cinco años se pretendió hacer esta misma obra aunque en aquel momento, el patinador profesional Steve Rodríguez logró el apoyo popular y fue capaz de convencer a las autoridades de que aún no era necesario comenzar con las reparaciones. Sin embargo, esta vez ha llegado demasiado tarde. Ya no hay tiempo suficiente para que el alcalde Bloomberg se eche atrás. Como el propio Rodríguez ha dicho: “Seis meses pueden pasar, ¿pero cuatro años más? Eso es insostenible.”

Por último y, aún logrando que no se cierre el parque al completo durante las obras (dejando un tercio aproximadamente libre), Steve Rodríguez ha retado a las autoridades afirmando que: “Si cerráis esto, habrá más skaters en vuestras aceras, en vuestros parques.” A lo que añadió a pesar de todo: “Seguiré diciendo a la gente que vuestra solución necesita ser la solución.” Rodríguez también se mostró molesto por la futura cancelación del torneo Back to the Banks, celebrado cada año y que, previsiblemente, este año no podrá tener lugar en este templo de la tabla. Todo esto, debido a la cabezonería de algunos que prefieren molestar en su día a día a esta gente en lugar de buscar otro lugar donde establecer su maquinaria de trabajo.

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Redescubriendo el parque

26 Ene

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Siento la tardanza, la verdad es que no tengo excusa aunque siempre puedo echarle la culpa a que acabamos de “volver a empezar” y que hay demasiadas cosas nuevas como para que encuentre un sitio en mi día para centrarme en el Blog.

Hoy he ido por primera vez al Parque del Retiro, sí, tras unos cuatro meses y pico de residencia en Madrid, aún no había ido. Y mira que la gente tiene esa manía de ir a hacerse fotos o a tirarse al césped, a pasear o a dar una vuelta en esas barcas tan feas pero al parecer tan románticas, ya que parecen estar ocupadas por todas las parejas de la ciudad. Y no quiero imaginármelo en verano donde, por cierto, debe de ser mucha mejor experiencia por aquello de la temperatura agradable y de poder quedarse un ratito más por allí dando una vuelta y sin el temor de morir congelado.

En todas las ciudades hay parques, eso por supuesto, aunque no es lo mismo una capital que una ciudad pequeña. Para mí, el parque siempre fue como una especie de burbuja dentro de las ciudades en las que los padres podían “encerrar” a sus hijos pequeños que se divertían de maneras insospechadas ya que los columpios eran lo menos utilizado. Los mejores parques eran aquellos en los que había una de estas estructuras con forma de torre. Podías transformarte en un bravo Rey que defendía su castillo de los asaltantes con uñas y dientes, o en el valiente guerrero que atacaba la fortaleza y que claramente tenía desventaja ya que el defensor se encontraba protegido por sus murallas (o una escalera y un tobogán que eran difíciles de subir con alguien impidiéndotelo desde arriba).

Me encantaba el parque de la Alamedilla de Salamanca. Principalmente porque era el que tenía el “Castillo” más grande de todos los parques. Además hay un pequeño lago en el que se puede dar de comer a los patos y en una pequeña plaza del parque se intercambiaban, con unos años más, los cromos que tenías repetidos por aquellos tan difíciles de conseguir. A parte, también están por supuesto la churrería o el pabellón, que también traen muy buenos recuerdos.

Sin embargo, estaba diciendo que para mí el parque siempre había sido una burbuja donde los niños jugaban, aunque terminaran haciéndose miles de heridas, pero esto terminó cuando descubrí Central Park. Ese parque me parece de los mejores del mundo, aunque tampoco he visitado muchos. En verano se llena continuamente de gente que se tira por el césped o que simplemente pasea o hace ejercicio. En invierno hay una enorme pista de hielo a la que acude casi toda la ciudad. Además está lleno de ardillas. Lo mejor es, que recordando este parque, he recordado uno aún mejor: El Boston Common. No se que tendrán los parques americanos pero, a lo mejor por ser mucho más naturales que los españoles (no el del retiro, pero sí por ejemplo la mayoría de Salamanca) y porque no hay cazurros que se dedican a destrozarlos, me parecen de los mejores sitios para pasar el día o la tarde. La noche ya no porque tampoco me atrevería, por causas que cualquiera puede imaginar.

Por último añadiré una pregunta, que dudo que alguien pueda contestar; ¿Por qué tres personas reciben en Reyes el mismo libro, casualidad o coincidencia? Sinceramente, yo no creo en la casualidad. Y, ya que estamos, lo recomiendo (aunque no se si debería porque aún no lo he leído). Se trata de “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas” de Haruki Murakami.