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Redescubriendo el parque

26 Ene

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Siento la tardanza, la verdad es que no tengo excusa aunque siempre puedo echarle la culpa a que acabamos de “volver a empezar” y que hay demasiadas cosas nuevas como para que encuentre un sitio en mi día para centrarme en el Blog.

Hoy he ido por primera vez al Parque del Retiro, sí, tras unos cuatro meses y pico de residencia en Madrid, aún no había ido. Y mira que la gente tiene esa manía de ir a hacerse fotos o a tirarse al césped, a pasear o a dar una vuelta en esas barcas tan feas pero al parecer tan románticas, ya que parecen estar ocupadas por todas las parejas de la ciudad. Y no quiero imaginármelo en verano donde, por cierto, debe de ser mucha mejor experiencia por aquello de la temperatura agradable y de poder quedarse un ratito más por allí dando una vuelta y sin el temor de morir congelado.

En todas las ciudades hay parques, eso por supuesto, aunque no es lo mismo una capital que una ciudad pequeña. Para mí, el parque siempre fue como una especie de burbuja dentro de las ciudades en las que los padres podían “encerrar” a sus hijos pequeños que se divertían de maneras insospechadas ya que los columpios eran lo menos utilizado. Los mejores parques eran aquellos en los que había una de estas estructuras con forma de torre. Podías transformarte en un bravo Rey que defendía su castillo de los asaltantes con uñas y dientes, o en el valiente guerrero que atacaba la fortaleza y que claramente tenía desventaja ya que el defensor se encontraba protegido por sus murallas (o una escalera y un tobogán que eran difíciles de subir con alguien impidiéndotelo desde arriba).

Me encantaba el parque de la Alamedilla de Salamanca. Principalmente porque era el que tenía el “Castillo” más grande de todos los parques. Además hay un pequeño lago en el que se puede dar de comer a los patos y en una pequeña plaza del parque se intercambiaban, con unos años más, los cromos que tenías repetidos por aquellos tan difíciles de conseguir. A parte, también están por supuesto la churrería o el pabellón, que también traen muy buenos recuerdos.

Sin embargo, estaba diciendo que para mí el parque siempre había sido una burbuja donde los niños jugaban, aunque terminaran haciéndose miles de heridas, pero esto terminó cuando descubrí Central Park. Ese parque me parece de los mejores del mundo, aunque tampoco he visitado muchos. En verano se llena continuamente de gente que se tira por el césped o que simplemente pasea o hace ejercicio. En invierno hay una enorme pista de hielo a la que acude casi toda la ciudad. Además está lleno de ardillas. Lo mejor es, que recordando este parque, he recordado uno aún mejor: El Boston Common. No se que tendrán los parques americanos pero, a lo mejor por ser mucho más naturales que los españoles (no el del retiro, pero sí por ejemplo la mayoría de Salamanca) y porque no hay cazurros que se dedican a destrozarlos, me parecen de los mejores sitios para pasar el día o la tarde. La noche ya no porque tampoco me atrevería, por causas que cualquiera puede imaginar.

Por último añadiré una pregunta, que dudo que alguien pueda contestar; ¿Por qué tres personas reciben en Reyes el mismo libro, casualidad o coincidencia? Sinceramente, yo no creo en la casualidad. Y, ya que estamos, lo recomiendo (aunque no se si debería porque aún no lo he leído). Se trata de “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas” de Haruki Murakami.

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