Archivo | enero, 2011

Foursquare en 2010

31 Ene

 

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25 de enero: Una fecha para recordar.

29 Ene

25 de enero de 2011. Esta fecha quedará sin duda en las mentes de todos los que la estamos viviendo. Tal vez será algo que les sonará incluso a los más pequeños cuando en unos pocos años les hablen de esto en sus clases de historia. Este día será recordado como el comienzo de las protestas masivas en Egipto. Unas protestas que comenzaron en Alejandría, principalmente tras la brutal paliza al ciberactivista Khaled Said, el 6 de julio de 2010, que terminó en desgracia para él. Sin embargo, apenas un día después, su muerte provocó tanto dolor en otro joven egipcio que se vió obligado a crear un grupo en Facebook a nombre de Kullum Khaled Said (Todos somos Khaled Said) en honor a este joven mártir y con el objetivo de dirigir protestas contra la situación del país. Un país sumido en una larguísima dictadura que dura ya treinta años y que se ha caracterizado por muchas situaciones como esta aunque en esta ocasión, la gota colmó el vaso de la terrorífica tranquilidad egipcia.

Este grupo, que actualmente cuenta ya con más de 450.000 seguidores en su versión árabe -y que ya posee una versión internacional en inglés- comenzó a promover protestas pacíficas en Alejandría en contra del régimen dictatorial pero evitando las normas restrictivas impuestas por el Gobierno de Mubarak. Al estar prohibidas en este país las llamadas “Asambleas Públicas”, en este grupo se encontró una solución: Convocarían unas protestas totalmente pacíficas en las que miles de personas se quedasen en fila frente a los paseos marítimos y fluviales, vestidos de negro, y alejados unos cinco metros los unos de los otros mientras simulaban leer el Corán o la Biblia.

El grupo se mantuvo activo durante unos meses, alcanzando un público mayor en algunas ocasiones e, incluso, contando con la presencia del premio nóbel de la paz Mohamad ElBaradei el día 29 de julio del año pasado. El verdadero momento, tras estos meses de manifestaciones silenciosas y todas convocadas por internet, se propusieron protestas en contra del régimen egipcio de Mubarak el día 25 de enero; fiesta nacional en Egipto con motivo del Día de la Policía. La excusa de la protesta eran los agentes de policía que, en los años cincuenta, se habían rebelado contra los invasores británicos; un motivo importante en la creación del nacionalismo egipcio.

La convocatoria corrió como la espuma (ayudada en gran parte por las redes sociales, en twitter era convocada mediante el hashtag #Jan25) y la respuesta de los ciudadanos fue aún mayor. La Plaza Tahrir en El Cairo (en castellano se traduciría como Plaza de la Libertad) se llenó con los cuerpos de miles de manifestantes, entre ellos una gran mayoría de jóvenes y estudiantes. Pero estas protestas no se limitaron a El Cairo sino que se extendieron a otras grandes ciudades egipcias como la ya mencionada anteriormente Alejandría, Suez o Ismailia. El tirón de la revuelta tunecina también ayudó a desencadenar esta protesta que había venido gestándose muchos meses atrás aunque sin que los propios manifestantes se hubieran dado cuenta de ello. Estaban haciendo historia. La represión y las detenciones e incluso las ya conocidas muertes, hasta el momento, que se encuentran en torno a las 68, aunque es un número muy difícil de confirmar.

Estas revueltas que han desestabilizado ya dos gobiernos (el tunecino y el egipcio) está claro que lograrán su propósito; sobretodo tras el apoyo internacional -o al menos el no-apoyo a los líderes de los regímenes autoritarios-. Sin embargo, en estos dos países los intereses económicos tanto de la Unión Europea como (y sobretodo en Egipto) de Estados Unidos pueden llegar a frenar un cambio democrático de estos países.

Y es que, aunque no nos demos cuenta, para nuestros líderes es mucho más conveniente tener una serie de países pobres controlando las materias primas que tanto necesitamos. Si no fuera así, nuestra calidad de vida sería mucho más complicada y costosa y no queremos que ocurra eso, ¿verdad? Y todo esto, a costa de los más débiles, como ocurre siempre.

¡Que no estamos tan mal!

25 Ene

Primer día de clases. Este día cambia mucho, dependiendo de nuestra edad, sobretodo. Recuerdo los primeros años, en infantil o en primaria, que para nada querías volver a empezar. Durante las vacaciones de Navidad te lo pasabas tan bien… y encima no te dejaban nada de tiempo para disfrutar de los regalos de reyes. Más tarde, compensabas esa tristeza con la alegría de volver a ver a la gente de clase, que al fin y al cabo, con muchos ya llevabas la mayor parte de tu vida, y tenías ganas, lógicamente. Ahora, como universitario, tengo algo más de tiempo para disfrutar los (cada vez menos) regalos, aunque, eso sí, entre exámenes.

El caso es que ahora, nos encanta empezar las clases. Obviamente no dejaríamos de lado algo más de vacaciones; pero esa “Semana Blanca” que al parecer en otros años y otras universidades existía, ya parece una más de esas estúpidas leyendas urbanas. Digo que nos encanta, porque vivimos en un mundo en el que nos encanta lo nuevo -menos todos esos programas que desgraciadamente (o gracias a dios) apenas pasan de su primera o segunda emisión- y tener asignaturas nuevas y profesores nuevos nos da algo de curiosidad.

Hoy comenzamos con Métodos de Investigación Periodística y Televisión, y fue en esta clase en la que, durante las presentaciones, debíamos comentar (además de los datos útiles para otros asistentes) por qué nos gusta o no la televisión. Yo dije mi opinión sincera que aproximadamente fue: “Hay tanta basura en la televisión que lo que espero de esta asignatura sea aprender a hacer algo de tele de la buena”. Y en esto venía pensando yo, ya terminadas las clases, de vuelta a casa. Pero, ¿por qué a la gente le gusta la telebasura? ¿Acaso no ven cómo les atonta las mentes? Porque esta es la única razón por la que existe y va cada vez a más: porque la gente la ve.

Pero tampoco hay que desanimarse, me gusta por ejemplo el positivismo de algunos periodistas. El de Andrés Rodríguez, director de Esquire, en su pequeño artículo de opinión del número de febrero, o el que expresaba Iñaki Gabilondo en Buenafuente apenas hace unos días. Porque este mundo no se nos acaba; porque los periódicos, como la radio en su día, no morirán; porque (seamos algo cínicos) los momentos de crisis han sido los mejores tiempos para el periodismo o la cultura. Veámosle el lado positivo a las cosas; como decía el Señor LaPorta: “¡Qué no estamos tan mal!”

No nos gusta oir la verdad

18 Ene

Hoy toca hablar un poquito de aquello de la libertad de expresión. Sí, me refiero a eso que todos damos por supuesto (al menos en los países más desarrollados y democráticos) pero que luego, nosotros mismos nos encargamos de destruir. En dos días hemos visto dos claros casos, alguno más claro que otro.

En primer lugar, estoy hablando de los Globos de Oro. Ricky Gervais, gran actor y mejor cómico, realizó una presentación un tanto inusual en los premios entregados por los corresponsales extranjeros en Hollywood. Y lo cierto es que repartió leña para todos. Habló de algún “actor homosexual y perteneciente a la cienciología”, haciendo una clara referencia a Tom Cruise y a John Travolta; y todo esto, tras comenzar hablando del polémico actor de Dos Hombres y Medio y de como se encontraban todos “en una noche de fiesta y borrachera, lo que Charlie Sheen llama borrachera”. Por último, anunció otra puyita hablando de la película The Tourist, que negó haber visto y, acto seguido, habló de los rumores de sobornos (la película ha sido producida por la compañía Sony).

El otro caso, del que me he enterado esta mañana, nada más levantarme, es el del artículo de Carlos Herrera, periodista a quien El País encargó una columna de opinión acerca de la nueva Ley Antitabaco que comenzó a ser efectiva el pasado 2 de enero. El periodista sevillano envió el artículo el día 8 a la redacción del periódico en Madrid y no obtuvo respuesta hasta ayer, cuando le comunicaron desde la dirección del medio la denegación de su trabajo por desavenencias con su línea ideológica. El artículo, realizado por un fumador autodenominado como tal, apenas presentaba una serie de argumentos con un respeto total, con la excepción de las últimas dos líneas, en las que con algo de demagogia descalificaba los argumentos del Gobierno para implantar la norma (la protección de los menores del fumeteo pasivo) utilizando para ello el aborto.

En este caso, es algo más complicado ya que se trata de una empresa privada y puede hacer lo que le le salga de la Junta Directiva pero, no seamos hipócritas, no vayamos por ahí hablando de neutralidad que nos conocemos todos y ya sabemos de qué pierna cojea cada uno. Yo, sinceramente, lo habría publicado y que los lectores decidan. Al fin y al cabo, que un periodista exprese su opinión no significa que esta tenga que ser la misma que la del medio en el que lo hace.