La fiebre del mineral

1 Nov

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Empezamos Noviembre con buen pie, sin saltarse ninguno de los treinta sagrados días en los que pretendo escribir este mes. Sin embargo, por muy buen pie con el que empiece, de lo que pretendo hablar hoy no es nada de lo que alegrarse. Sí alegrarse de que se difunda, aunque sólo para un pequeño número de personas, en parte por un muy mal horario al que se ve llevada toda la buena televisión.

De lo que voy a hablar es de un nuevo documental del gran equipo que en mi opinión hacen David Beriain y Sergio Caro. En esta ocasión el documental trata acerca del negocio de la casiterita. Este mineral, extraído a toda costa, y ya sea de forma legal o ilegal, por parte del gobierno o en minas llamadas “artesanales”; es esencial en la fabricación de todo tipo de dispositivos móviles y se utiliza en el interior de las baterías de energía que éstos poseen. En Congo, Tierra Violada podemos apreciar el contexto de estas minas. El por qué, el para qué y el quién, aunque muchas veces no esté claro.

El documental nos presenta una selva congoleña en la que el ejército campa a sus anchas. Al parecer, como explica un experto en esta situación, el Gobierno de El Congo ve tan lejana esta zona que apenas apuesta por ella; sin embargo, los altos beneficios que este tipo de minería aporta a unos cuantos “bien colocados” hacen que se envíe al ejército a “defender el territorio del Gobierno”.

Dentro de este territorio se encuentran unas minas trabajadas por jóvenes congoleños en unas condiciones precarias. Desde los doce o trece años, algunos, comienzan a trabajar desde las partes más exteriores, aún a riesgo de quedar atrapados. Y esta no es una situación extraña. Durante la grabación del documental, ocurrió un derrumbe que dejó atrapadas a tres personas en una de las minas de esta zona.

A los alrededores, mientras tanto, poblados se establecen, a modo de las remotas épocas del interior estadounidense en tiempos de las fiebres del oro (Enlace a un artículo de Ramón Lobo). Entre la pobreza de chabolas, numerosas iglesias e incluso un pobre hospital, todo ello hecho en barro, viven cientos de personas, muchas de las cuales fueron ex-combatientes de guerrillas o convictos. Y mientras tanto, el ejército se pasea por la zona (en el mapa, los alrededores de Goma). Tomando como suyo todo lo que hay a su alrededor. Incluso el dinero de los periodistas. Pero no se puede hacer nada contra ello. Están al mando.

Por último, se realiza una visita a un pueblo cercano a las minas. Un fuerte que recuerda al lejano oeste de las películas del Western americano y perteneciente a los cascos azules indios se sitúa a menos de cinco kilómetros de la villa. Pero hay algo extraño en este lugar. 284 mujeres, de entre doce y ochenta años, fueron violadas. Todas las mujeres del pueblo. Los cascos azules no hicieron nada. No disponen de medios. Y yo me pregunto, ¿entonces para que coño están ahí? ¿Acaso están para pasar unas vacaciones? ¿Para pasar el rato? ¿Para beneficiarse de algún contrabando que puedan hacer? Son muchas las especulaciones que se pueden hacer, pero está claro que la ONU falla en muchos de estos casos y nosotros seguimos confiando en una “institución” que sólo se respeta a conveniencia.

Pues bien, de esto y mucho más habla el documental. No os lo destriparé más y os recomiendo que lo veáis, que hay que apoyar los programas buenos de verdad. Y así no perdéis el tiempo viendo Gran Hermano y esas cosas.

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