Viaje de vuelta

12 May

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Llegar a tu habitación de la residencia un martes a la una de la noche no suele ser algo para nada normal a pesar de que me ocurriera así ayer. El metro, una hora y pico antes parece territorio de nadie. Apenas unas pocas personas lo utilizan a horas tan tardías entre semana y como mucho se puede ver a alguna pareja, o joven ejecutivo, volviendo de sus respectivos viajes -nacionales o internacionales- una que otra señora mayor, de esas que siempre poblan el metro, y un buen puñado de gente joven, quizá algunos demasiado jóvenes. En el viaje de ayer en metro, mientras esperaba en la estación, me ocurrió algo que aún no me había sucedido desde que llegué a Madrid.

La falta de entendimiento entre dos personas se puede producir por distintos motivos. El más típico suele ser el de la lengua, sobretodo en un mundo globalizado como el nuestro en el que podemos encontrarnos con personas de casi cualquier parte del Globo. Sin embargo, también puede darse una falta de entendimiento diferente, el malentendimiento. A mí, me ocurrió la primera. Un hombre, de unos treinta y pocos años se me acercó (a seis minutos de que llegara el siguiente vagón) y me preguntó algo; pues bien, necesité escuchar tres veces lo que me decía para comprender que estaba esperando a un amigo que no llegaba. Yo pensé, “¿Y qué? Dime que es lo que quieres de verdad.” A lo que, pareció leerme la mente y, acto seguido me preguntó (o conseguí entender) si podía prestarle un momento mi teléfono móvil con el objetivo de hacer una llamada.

Ahora me tocaba a mí, las tres repeticiones siguientes fueron necesarias (y aún no estoy seguro de si me entendió) para contarle como mi móvil se había quedado sin batería -cosa para nada extraña, está a punto de cumplir los cuatro años y medio-. El hombre pareció irse convencido y yo había pasado tres de los seis minutos que tenía que esperar. Por supuesto, no acabó ahí. Llegó lo peor. El hombre volvió y comenzó a preguntarme si sabía por donde se iba al “Picio” o al menos eso es lo que entendí. Por más que le hice repetir sus palabras, en una mezcla de inglés y español entremezclados con su propio idioma, que sabrá dios cuál era; no logré captar más que eso, así que (pobre de mí) le mandé al servicio, que fue la palabra más parecida que se me ocurrió.

Al rato llegó el metro y terminó ese momento de desentendimiento tan horrible, no por mi parte, sino por parte de este hombre que espero encontrase a su supuesto amigo. Al resto del viaje ya estoy acostumbrado, lo que no quiere decir que me guste, y estoy deseando el piso en gran parte por ello. Entre John Grisham y un fantasma que afirmaba con gran convicción al conductor del autobús como está actualmente saliendo con cuatro colombianas, una ecuatoriana, una brasileña y una hondureña (de las que no se si será cierto lo que el chaval decía, pero si lo es me gustaría comprobarlo) se me hizo el viaje hasta entretenido; aunque lo mejor fue la sentencia de un hombre tras bajarse este chico en su parada: “¡Con tres más como este el resto nos quedamos a dos velas!”

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2 comentarios to “Viaje de vuelta”

  1. Rafa Tardío mayo 17, 2010 a 9:47 pm #

    jajaja con que una hondureña eeee jodioo?¿!! jaaja mas q un fantasma yo creo q seria fan de Faubert!! Ya t dejé el comentario q tanto ansiabas y q hara q tu Blog triunfe!!!

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  1. Viaje de vuelta | rsspais.com - mayo 12, 2010

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