Archive | abril, 2010

Revolución, una palabra capitalista.

26 Abr

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Una vez que he conseguido pasar todos los contenidos de un blog a otro (por supuesto sin contar vuestros comentarios ya que no es posible) por fin puedo decir que escribo desde WordPress. Hoy quería contaros unas cuantas cosas, si me da tiempo y tengo espacio claro.

Estando en clase, a primera hora de la mañana de hoy, me puse a reflexionar sobre algo que dijo la profesora. “Poner la palabra Revolución en el título de un libro es algo que vende”. La cosa es que me suena a algo paradógico. Cómo es posible que una palabra, a simple vista de claras tendencias comunistas, se transforme en todo lo contrario. Estando en la “sentada” en contra de la reducción de las horas de clase magistral, recuerdo perfectamente como, tras mencionar alguien una frasecilla en la que terminaba con la palabra Revolución, la gente se “vino arriba” y comenzó a realizar cánticos cada vez más atrevidos (y frente a las puertas del mismísimo rectorado). Cómo una parte esencial del comunismo, el mismo Marx la incluía en sus teorías, parece ser parte del capitalismo editorial es algo que no me puede causar sino una leve sonrisa.

También quería mencionar un nuevo programa en la cadena de televisión Cuatro estrenado este viernes en uno de los horarios más difíciles de la televisión. Se trata de ReC, acrónimo de Reporteros Cuatro, y está dirigido por el gran periodista Jon Sistiaga. En el primero de los reportajes podemos vivir durante cuarenta intensos minutos el recorrido de David Beriain por las calles más pobres de algunas zonas de Colombia adentrándose en las redes de narcotráfico y de sicarios que pueblan el país. Lo más llamativo y doloroso de este reportaje son sin duda las respuestas de los niños (porque no son más que eso) hablando de los asesinatos que ya han cometido con anterioridad, de como empezaron con nueve, diez u once años y algunos de su anterior vida, casi siempre repleta de problemas familiares o incluso de droga o crimen dentro del propio hogar. Sin embargo, no os voy a contar más ya que prefiero que vosotros mismos veáis el reportaje, que por suerte lo da la única televisión que se puede ver por Internet (lo que nos encanta a los madrugadores).

Hoy lo voy a dejar por aquí ya que, ahora que hace un poco menos de calor (pero que gusto da hablar otra vez de él) habrá que aprovechar y salir a hacer algo de deporte.

Dejo blogger.

20 Abr

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Así es. Me di cuenta en cuanto probé WordPress de que existen una mayor cantidad de widgets, opciones y facilidades en esta otra plataforma y, además, ya me estaba cansando de la gran cantidad de problemas con las plantillas de este trozito de google.

A pesar de todo, continuaré escribiendo aquí hasta que haya terminado con el diseño y con el paso de todas las entradas a la nueva dirección del blog, que será la misma pero con la única modificación de wordpress por blogspot en la URL. Espero que os guste la nueva plantilla cuando ésta esté terminada y que continueis leyendo al menos alguna de mis entradas.

Lunes de aguas

13 Abr

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Esta mañana, hablando de Salamanca (y otras ciudades) con algunos compañeros de clase mencioné esta antigua tradición, única en la provincia charra, y que se realiza el primer lunes del mes de abril de cada año. La historia en sí es muy graciosa, por lo menos a mi me lo parece, y me parece un perfecto ejemplo de la hipocresía de la Iglesia y el poder real en la época medieval.

La cuestión es que, en la Edad Media, durante la época de la Cuaresma (caracterizada además de por el ayuno por la abstinencia y durante la cual se veían aún peor cualquier pecado) y a partir del siglo XVI mediante una ley del rey Felipe II, las prostitutas de la Casa de Mancebía de Salamanca (lo que viene siendo un burdel de la época, pero con un nombre discreto) eran obligadas a trasladarse a la otra orilla del río Tormes con el objetivo de evitar tentaciones entre los salmantinos que pudieran llevar a éstos a pecar de lujuria.

Lo más divertido de la historia sin duda era el nombramiento del Padre Putas (así mismo) como custodio de las “meretrices” y con el objetivo de evitar que cruzaran el puente romano antes del primer lunes de abril tras la Cuaresma. Una vez llegaba este día, barcas engalanadas llevaban a las humildes mujeres, encabezadas por el Padre Putas hasta la otra orilla del río donde cientos de estudiantes esperaban rodeados de hornazo (una comida típica salmantina que se come especialmente este día y que es una especie de empanada con embutido y huevo), bebida y bailes celebrando la vuelta de las cortesanas.

Por supuesto, esta norma ya no sigue vigente aunque se mantiene la tradición de juntarse con los amigos (especialmente entre los estudiantes) o de salir al campo con la familia para comer juntos el hornazo y pasárselo bien poco tiempo antes de comenzar los dichosos exámenes. Desgraciadamente, en el día de ayer no he podido estar presente durante esta tradición tan bien aceptada entre los estudiantes (es solo otra excusa para hacer botellón) pero espero volver a disfrutarla.

P.D: Tengo una buena noticia para los usuarios de redes sociales como Twitter o Facebook, como habréis podido comprobar, ya que a partir de este momento es posible compartir las entradas de este blog desde esas dos redes.

Cuaderno del Puerto de Santa María II

12 Abr

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Es muy posible que debiera haber escrito esto antes pero, entre exámenes que preparar y un fin de semana atareadísimo y muy ocupado viajando (lo que implica estar sin Internet), no he tenido tiempo. Pues bien, empezaré por donde lo había dejado; esto es, el sábado por la mañana. El día comienza como el resto lógicamente, desayunamos en el hotel pero, ya que nos hemos levantado más pronto de lo normal decidimos dar un pequeño paseo por la playa. A pesar del ansia por bañarse de alguno (incluyendo la realización del paseo precedida por la vestidura del traje de baño) el viento de aquella mañana era tal que incluso la arena se levantaba y me hacía temer por el buen funcionamiento de la cámara. Ésto fue lo más valioso del paseo. Los pies los habíamos mojado por primera vez el día anterior en la famosa playa de la Caleta de Cádiz pero en esta ocasión apenas merecieron la pena las fotos (que no es poco).

Una vez echados de la playa (a causa del viento) decidimos continuar con el plan inicial: la visita a Jerez de la Frontera (con J y no con X). Ya era algo tarde tras el paseo y (tras darnos cuenta de que levantarse a las diez y media no era precisamente pronto) decidimos comer a la entrada de esta nueva ciudad, exactamente la antítesis de la visitada el día anterior; tal vez por ello se explique la rivalidad irracional entre gaditanos y jerezanos (aunque no soy precisamente yo el más indicado para hablar de rivalidades irracionales).

La antítesis entre estas dos ciudades no se debe únicamente a la posición de cada una de ellas (en la costa, como puerto estratégico o cerca de ella pero sin mar a su alrededor) sino también a la importancia histórica de cada una de ellas. Al parecer es algo que depende de la época. En algunos momentos una se encuentra por encima y en otros otra aunque, temo tener que reconocer, que Jerez me pareció mucho más desarrollada que Cádiz (a pesar de ser esta capital de provincia).

En fin, no os aburro más con las cavilaciones que aparecieron en mi cabeza a la vuelta de Jerez sino de la visita en sí. Sobre la comida no tengo mucho que decir, fue tal vez la menos destacable de todas las del fin de semana (y mira que es complicado). El monumento que me encanto, y fue la primera visita que hicimos, fue el Alcázar de Jerez. No había oído apenas hablar de él y es muy diferente de su diseño original (debido a la restauración que se ha realizado, etc.) pero, sin embargo, la parte de la mezquita, que es bastante pequeña, aunque acogedora, es preciosa. La propia simplicidad del edificio hace que uno parezca no necesitar más y pueda quedarse observando el Mihrab mientras escucha el dulce sonido del agua en la fuente del pequeño patio anexo. También me parecieron impresionantes los baños árabes y el antiguo molino de aceite que aún se conserva en su totalidad; a pesar de esto, dos cosas llamaron aún más mi atención.

En primer lugar los preciosos jardines llenos de fuentes (por lo menos una docena) y de flores de todos los colores a su alrededor. Mi enhorabuena al jardinero, y a los árabes por meter tanto agua en sus construcciones. Y en segundo lugar, la caja oscura situada en uno de los edificios del conjunto del Alcázar. Es posible que no conozcáis la función de esta sala y yo mismo la desconocía hasta hace dos días; pero el efecto es impresionante. Consiste en recrear una caja oscura (como la de una cámara de fotos por ejemplo) en una pequeña habitación en una zona de altura de una ciudad y, mediante dos lentes y un espejo, ayudados por una pantalla circular de color blanco y que permita su movimiento (con el objetivo de enfocar la imagen), podremos obtener una imagen perfecta de toda la ciudad con una nitidez impresionante y con movimiento. Me pareció impresionante ver la catedral de Jerez y poder distinguir a los pájaros sobrevolando su cúpula o ver a las personas alrededor de los edificios. El hombre encargado de enseñárnosla nos recomendó una para Salamanca, y la verdad es que estaría muy bien; otra cosa es que los de arriba decidan poner la pasta.

El resto de la visita no fue tan emocionante; la vista del exterior de la catedral, un largo paseo por el centro jerezano, incluyendo las cantinas de algún borracho del lugar, y alguna foto que otra; aderezado todo esto por el dulce olor del azafrán que enfrascaba las calles en un ambiente primaveral y en que daban ganas de olvidarse de todo lo demás.

Esa noche, lo siento por los no futboleros, había dos horas reservadas para el llamado “clásico” (aunque un pucela – UDS me parece mucho más emocionante) y sentaron mucho mejor gracias a la enorme amabilidad del camarero del hotel a quien mi padre ya se había “camelado”.

Al día siguiente, desayuno y dejar las habitaciones antes de las doce (exactamente a menos cuarto, ni pronto ni demasiado tarde) antes de la hora de dejar la ciudad. Sin embargo, y habiendo estado un fin de semana entero en un lugar, lo lógico era visitar algo más esta ciudad por lo que, el tiempo que aún teníamos antes de la comida decidimos emplearlo en visitar alguno de los monumentos esenciales y ya de paso una de tantas famosas bodegas. Optamos por la bodega en primer lugar (en concreto las bodegas de Osborne), con tal mala suerte que llegamos diez minutos tarde a la última visita. Salimos del lugar decaídos ya que en mi opinión son una de las mejores bodegas del lugar y, además, la presentación parecía cuanto menos emocionante, aunque todavía teníamos la opción de visitar alguno de los monumentos (se nos acababa el tiempo).

Tal vez fue casualidad o quién sabe qué pero terminamos visitando el castillo de San Marcos (que antiguamente había sido una mezquita árabe aunque Alfonso X el Sabio -y qué sabio era-escondió los restos musulmanes tras un tabique y la ocultó tras una iglesia) y, qué casualidad, otra vez estamos con las casualidades, éste es propiedad de la familia Caballero (sí, los del ponche) y nos invitan a una degustación de vino de Jerez. Cuatro de sus cinco variedades y tengo que decir que no decepcionan. Si tuviera que recomendar diría en primer lugar el vino Oloroso; muy parecido al vino de Oporto.

Tras esto, partimos hacia el norte y con ello fuimos abandonando las nubes que habían comenzado a aparecer a lo largo de la mañana; sin embargo esto no era todo. Una ocurrencia de las de mi padre nos llevó a, estando a unos cien kilómetros de Mérida, visitar el monasterio de Tentudía, en la provincia de Badajoz, y que se encuentra en el punto más alto de la misma. Perdimos dos horas del viaje, pero fueron muy bien empleadas. Unas vistas impresionantes y de 360 grados y, lo que es mejor, la mejor comida del fin de semana (lo siento por aquellos a quienes les encante el pescaíto frito): una presa ibérica a la brasa acompañada de patadas medio cocidas medio fritas (de estas de casa) y pimientos y con un vino de la casa con gaseosa para acompañar. Así soy yo, esta es la comida que me gusta, llamarme paleto o burro del norte, pero por muy omnívoro que sea, mi corazón es carnívoro.