La realidad de Internet

3 Feb

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Me he vuelto a quedar dormido, así es. Lo cierto es que había hecho una especie de apuesta personal acerca de cuanto tiempo iba a durar en este nuevo cuatrimestre sin quedarme dormido por las mañanas y, lo cierto es que no ha sido muy esperanzador ya que la segunda semana he caído. Pero, y a pesar del sueño que me ha impedido ir a la asignatura que más interesante me parece (encima), hoy me apetecía hablar de otros temas. Relacionado también con las clases, ayer nos vimos obligados a entrevistar o encuestar a una serie de personas mayores (también alguna joven) con la intención de tomar datos para un ensayo que tendré que terminar en unas horas acerca de los cambios en la sociedad debido al uso cada vez mayor de Internet en nuestras vidas.

En un primer momento, cuando comenzó el uso masivo de Internet como forma de comunicación sobre todo, los teóricos y “gurús” de esta nueva tecnología (que al parecer ya no es tan nueva ya que a los jóvenes nos parece haber nacido con ella ya existiendo) plantearon la posible idea de que Internet conllevara el aislamiento de la persona. ¿Cómo no iban a plantearse una cosa así? Como se ha visto en infinidad de películas, en las que aparecía ese típico hombre al estilo del “gordo” de Perdidos (nunca he visto la serie así que no se cuál es su nombre) con pelo y barba bien largos y sentado en un cómodo sillón rodeado de cables y pantallas de ordenador (y a lo mejor algún donuts a medio acabar) y que posteriormente se ha cambiado por la figura de la mujer hacker. Pues bien, estos personajes no salían de su casa; ¿Para qué? Podemos comprar la comida por Internet, comprar ropa, incluso recurrir a un medio más antiguo como el teléfono para llamar al fontanero o al hombre del gas (aunque el número de teléfono lo sacamos de Internet). Su trabajo lo hacían desde casa, aunque todos eran hackers y nadie sabe de que trabajan; seguramente se deba a que hacen un trabajo cada cierto tiempo para ayudar al Gobierno de turno a salvar el mundo.

Pues bien, a donde quería llegar es a que nuestros mayores no conocen Internet, pero no ha ocurrido el fenómeno opuesto, es decir, no se han quedado aislados del mundo en que viven. Lo que es más llamativo, al menos según mi punto de vista, es que a ninguna de estas personas mayores les apetece o interesa aprender. Yo lo veo como un miedo al cambio, como una reticencia a darse cuenta de que a su alrededor las cosas se modifican con una rapidez pasmosa, que se están volviendo viejos. Sin embargo, todos conocemos a alguna “abuela marchosa” que hace yoga, cursos del ayuntamiento, etc. y que, aunque apenas use el e-mail, supera sus miedos y se enfrenta a la novedad.

Como dije algo más arriba, también hablamos con algunos jóvenes y parece que a niveles de edad tan bajos la influencia de Internet aún no es la que predican estos “gurús”. Apenas dedican su tiempo en Internet a hablar con sus amigos (generalmente para luego salir por ahí) y a hacer trabajos del colegio (aunque también utilizarán esto como excusa para conectarse a Internet). Sin embargo, los periódicos digitales o los blogs no les interesan a estos chicos como imagino que tampoco les deben de interesar los periódicos tradicionales o la radio.

Por último, y ya dejando este tema, me gustaría recomendar otro libro que acabé hará una semana: El mundo de Juan José Millas. Si tuviera que recomendar una película os diría que vierais una de las últimas que va a salir: En tierra hostil.

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